viernes, 5 de diciembre de 2008



Confieso que poco conocía de la obra de Mateo Díez y confieso, también, que "El fulgor de la pobreza" no consiguió engancharme. Tal vez porque carecía de referencias de este autor. Sin embargo, su aparición en la Biblioteca el pasado día 2 de este mismo mes, supuso para mí un gran descubrimiento, sobre todo, por su discurso humanista, por su actitud crítica ante esta sociedad que se nos impone, por la forma en que nos invitó a no permanecer indiferentes y sosegados ante lo que vemos a nuestro alrededor. No deberíamos acostarnos, cada noche, -insinuó-con la conciencia tranquila, convencidos de haber cumplido con nuestras obligaciones, porque tenemos una gran responsabilidad moral con el hombre que sufre, que carece de lo más elemental para subsistir con dignidad.

Sus palabras cuadraban, coherentes, con la gravedad de su expresión. La utopía, ya se sabe, es casi un imposible, pero Mateo Díez hace que se filtre, machacona, en su discurso.

Bastó una hora de disertación para desestabilizar nuestras conciencias. Al finalizar su conferencia, los asistentes al acto, aprendimos una lección: no deberíamos permanecer impasibles ante la permanente manipulación del Poder que lo corrompe todo y trabaja incansable para que la injusticia sea la única bandera que ondea imparable. Un discurso que, en algunos momentos, recordó al de nuestro Agustín García Calvo, cerrando el seminario sobre Claudio Rodríguez.
http://porelcaminoverde.blogspot.com

2 comentarios:

amor dijo...

muchos escritores de éxito lo son por el valor de tener ideas propias

mi beso

s

Anónimo dijo...

pareceinresante esto de los comentarios